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Sargento primero D.
MÁXIMO CORZO PENA.
Cuando conocí a Maxi apenas había
aprendido a caminar sola por el mundo. Hoy, después de haber compartido
con él los mejores años de mi vida, tuve que aprender a vivir sin él.
Cuando conocí a Maxi apenas había vista a un soldado "de los de
verdad", y terminé... casándome con uno.
Antes de conocerlo, el mundo castrense pasaba totalmente
desapercibido para mí. Sé que existía porque de vez en cuando veía algún
desfile militar por la televisión o me cruzaba con alguno de ellos por la
calle luciendo impecable sus mejores galas de paseo. Sin embargo, Máximo
me fue "instruyendo" poco a poco, y armado de toda la paciencia del mundo,
me introdujo en ese sacrosanto templo que para él era la milicia. Poco a
poco me fue desgranando todas las alegrías y sinsabores que implicaba
llevar una Boina Verde sobre la cabeza, y poco a poco, a la vez que me
enamoraba de él, lo hacía también del Ejército.
Hoy, contemplo con nostalgia y admiración cualquier noticia en
la que aparece alguien vestido con el uniforme militar, y mientras me
quito el respigo, mi pensamiento viaja en busca del que fuera mi Soldado.
Quiero con ésta modesta colección de fotos hacer un pequeño,
pero merecido homenaje al que fue mi marido, al Sargento 1º Máximo Corzo
Pena, aquel hombre que reunía en la misma persona la capacidad de amar a
la vez a una mujer y a su profesión, a un hombre que llevaba por lema
aquel verso de otro buen Soldado que decía "....que en buena o mala
fortuna la milicia no es más que una, religión de hombres honrados" y del
que además de su permanente recuerdo, me dejó a nuestro hijo Alejandro.
Ana. |