 |
Cantemos
canciones del pueblo, para sentirnos más pueblo; canciones de ronda, que colmen de amor
ventanas y balcones; canciones de brindis, que le dé al vino mejor sabor para ser
compartido, canciones heroicas inspiradas en el orgullo de ser español.
El deseo de cantar está tan
profundamente arraigado entre los españoles, que casi la canción es connatural con
ellos. Han cantado en todas las ocasiones de su historia y de su vida, entre otros motivos
como expresión de la lealtad a una causa... Ya Unamuno dejó escrito: "no hay
doctrina más profunda que la que se da cantando"; por lo que podemos comprender la
importancia de un buen repertorio de canciones en una partida guerrillera.
La virtud más honda
de la canción es la de hacer que nos olvidemos de nosotros mismos y que sintamos el
propio deleite de ese olvido; porque juntos, cantando una misma canción, al unísono,
trasmitimos el espíritu de un sólo Cuerpo, de una Unidad forjada por la dificultad y la
camaradería. En la alegría y energía de nuestras canciones hemos aprendido el valor de
la amistad.
En formación, firmes
ante la bandera, en la caminata, junto a la hoguera, en el camión de ida a lo difícil o
de regreso al merecido descanso, o simplemente en la cantina donde refrescar nuestra
aventura: cantábamos a la Patria, a la dureza de la montaña y a la novia que nos
esperaba. La canción así, sin distingos folclóricos ni separaciones sociales,
contribuía a que una sola y fuerte voz estremeciese los campos o las paredes cuarteleras.
Al editar este
cancionero hemos querido contribuir al mejor conocimiento del espíritu
guerrillero, y al
mismo tiempo dejar constancia escrita de una serie de canciones que podrían perderse de
no trasmitirse entre las sucesivas promociones. |