ABC. OPINIÓN domingo 30 de enero de 2000

Políticos y paracaidistas

Por LUIS IGNACIO PARADA

DURANTE la Segunda Guerra Mundial, el Ejército estadounidense descubrió que el despliegue de los paracaídas fallaba en un 5 por ciento de los saltos. Y el sargento responsable de la unidad preguntó al jefe de la división: «Señor, ¿cómo voy a decir a los paracaidistas, cuando los envíe a una operación, que uno de cada veinte paracaídas no se abrirá?». «Muy fácil», dijo el mando al subordinado. «Dígales que a partir de mañana, los plegadores de paracaídas y los verificadores de la operación saltarán con ellos para mejorar el problema de control de calidad». En ese momento exacto nació el concepto universal «cero defectos». Desde entonces la mejora permanente de la calidad en el mundo económico y empresarial es un imperativo de supervivencia: depura el sistema, barre del mercado los productos defectuosos, castiga implacablemente a los directivos que cometen errores ruinosos. ¿Se imaginan ustedes una enfermera que sólo deja caer al suelo uno de cada diez bebés que maneja, un arquitecto al que sólo se le hunde una de cada veinte casas que diseña, un cirujano que mata a uno de cada treinta pacientes que opera? Bueno pues, en el ámbito político, esto ocurre todos los días y no pasa nada. Y peor. Hay dirigentes capaces de tomar diez decisiones al día y todas equivocadas sin que sus votantes rechisten. Y en vez de que sus carreras terminen como los folletones antiguos y las fotonovelas modernas —con el triunfo de la bondad y el castigo de la perversidad— pueden presentar un balance de gestión con más errores que aciertos sin que crujan las estructuras. ¿Resistirían ciertos dirigentes del PNV un control de calidad? ¿Es inevitable aceptar sus errores y sus defectos? ¿Pueden permanecer en tierra después de haber lanzado al País Vasco a un abismo sin paracaídas?