LA VANGUARDIA. EDITORIAL. martes 10 de febrero de 2000

Ejército profesional

LA profesionalización y tecnificación de las fuerzas armadas es un objetivo moderno y razonable por el que han apostado muchos países europeos y occidentales. En España, los partidos políticos mayoritarios abonaron esta opción, que conecta con la tendencia internacional y que sintoniza con un sentimiento bastante extendido entre la población. Una parte de la sociedad siempre ha visto en el servicio militar una obligación molesta. Pero a la vez considera que el Ejército es una institución esencial en una democracia. La profesionalización de las fuerzas armadas concilia estas dos opiniones ampliamente compartidas. Se trata, sin embargo, de un proceso complejo y delicado, para el que se estableció un periodo de transición (hasta el 2003) y que avanza con dificultades. Hay datos recientes que son preocupantes.

Acaban de convocarse 17.500 plazas de soldado a las que podrán acceder jóvenes de ambos sexos sin estudios y con un cociente intelectual de 70, lo que los expertos consideran el límite de la normalidad. Es una medida que ha causado una lógica perplejidad. El director general de Reclutamiento ha explicado que esa baja exigencia no supone peligro para la capacidad de las fuerzas armadas, y que está avalada por el departamento de psicología del ministerio. Pero no debe ser ajeno a esta medida, tan laxa, el hecho de que el año pasado, con unos requisitos más altos, hubo pocas solicitudes de ingreso en el Ejército, hasta el extremo de que entraron casi todos los aspirantes, y que terminara el año con 2.500 soldados menos de los previstos en el calendario de implantación de la profesionalización.

Los partidos que impulsaron esta necesaria profesionalización deberían dar soluciones para mejorar un proceso que tal vez arrancó sin ponderarse todas las dificultades. En Francia hubo un debate abierto en el que derechas e izquierdas cooperaron en buscar soluciones a los riesgos de la profesionalización militar. Aquí hubo consenso político en una iniciativa que resultaba simpática a la población, pero tal vez no se evaluaron todos los problemas. Y se ha observado poca voluntad política en potenciar con seriedad una profesionalización que debería reforzar el prestigio del Ejército. Poner tan bajo el listón de ingreso es decepcionante. Deben ofrecerse alicientes y estímulos más dignos si se quiere interesar a los jóvenes en la carrera militar.