Atrás, según el orden de edición Los guerrilleros en la Guerra de la Independencia.

Texto recibido vía emilio de Paco Pérez, amigo de este sitio VBV, que es veteranos de la XXIII SFCM del Ejército del Aire. Textos que ha seleccionado de dos libros de historia.

GuerrilleroXIX.JPG (12062 bytes)
Guerrillero español de principios del siglo XIX, en la época de la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas

...estos eran los GUERRILLEROS, tales como, entre los más célebres, Juan Martín Díez, conocido por el Empecinado, que empezó actuando por tierras de Aranda y Segovia, llegó a obtener el grado de brigadier, y tuvo que  ser combatido por el general francés Leopoldo Hugo, padre de Víctor  Hugo  (Gómez de Arteche en su libro  "Juan Martín El Empecinado, La Guerra de la Independencia  bajo su aspecto popular "España del siglo XIX"); como Jerónimo Merino, cura de Villoviado, que, habiendo jurado odio eterno a los franceses, porque le obligaron una vez a cargar el bombo de una banda militar  se lanzó al campo por tierras de Burgos y fue pronto el terror de los enemigos, no sólo por sus dotes  militares extraordinarias, sino también por sus feroces represalias (Rodríguez de Abajo en su libro "Notice Biographique sur le cure Merino", Caen, 1847); El campesino Julián Sánchez, que, queriendo vengar la muerte de sus padres y de su hermana, empezó actuando por tierras de Salamanca y llegó a formar una fuerte compañía de lanceros, que puso al servicio de generales españoles e ingleses (José Alba, en su libro D.Julián Sánchez, El Charro, guerrillero Salmantino. Memorial de Infantería, año 1920).

En Navarra, Espoz y Mina y su sobrino Mina el Joven, apellidado el Estudiante, ambos llamados a altas graduaciones y a actuaciones políticas destacadas, mantenían en constante inquietud a los generales del Imperio Napoleónico , que se esforzaban vanamente en destruirlos: fue memorable la campaña el Roncal, conducida por Espoz contra un ejército de  40.000 hombres lanzados en su persecución.

En Aragón, uno de los defensores de Zaragoza, Mariano Renovales, prisionero fugitivo, organizó partidas por las anfractuosidades del Pirineo (en el Roncal) : el incendio del Monasterio de San Juan de la Peña por los franceses fue uno de los episodios que dieron lugar a la persecución de sus fuerzas y él hubo de retirarse a Cataluña  (Gómez de Arteche,op.cit.VII pgs.24-26 y 31-34).
 
En Cataluña. En ninguna región tomó tanto vuelo como en ésta la acción de los  guerrilleros. Por una parte, a causa del carácter de los catalanes y la naturaleza del territorio; por otra, a causa de la existencia de una institución como el somatén que llamaba el pueblo a la lucha (Gómez de Arteche vol.I, pg.319). Pronto surgieron cabecillas osados y expertos para conducir el alzamiento: Milans del Bosch, Juan Clarós, Narciso Cay, el canónigo Rovira, el barón de Eroles y muchos más (A.de Bofarull y Brocà "Historia crítica de la Guerra de la Independencia en Cataluña" Barcelona 1886-7).
Los franceses, explica el general Foy en sus memorias, "conocían que habían puesto el pie en España por los tiros de fusil con que eran de pronto asaltados"... "En cualquier parte en que un destacamento de tropas francesas podía abordar a estos paisanos reunidos se daban en seguida a la fuga; pero, tan pronto como el vencedor se retiraba, corrían  tras él y a sus lados" escribió el General Foy en su "Historie de la Guerre  de la Peninsule sous Napoleon" (París 1827).
Es la táctica de la guerrilla, que ,como decía otro general napoleónico, el italiano Camilo Vacani, con continuas alarmas "fatigaba al soldado y lo hacía menos capaz de desplegar agilidad y frescura cuando se presentaba el instante preciso de combatir" . El enemigo existía, hostilizaba constantemente a los franceses, y, sin embargo, cuando se les pedían informes precisos sobre sus posiciones  no podían dar otra respuesta que la del general francés Reille: "En cuanto a la posición del enemigo, nunca he podido indicarla, porque no ha tenido  nunca ninguna". Estas observaciones que habrían podido aplicarse a todos los guerrilleros que pululaban por las comarcas peninsulares, en ninguna parte fueron tan exactas como en Cataluña (y a Cataluña se refieren concretamente), "En Aragón - escribía el citado Vacani-, algunos  hombres atrincherados en una casa, eran suficientes para asegurar la quietud de las aldeas en una extensa línea de operaciones de Zaragoza hasta  las fronteras; pero a veces, en Cataluña, mucha tropa, y bien atrincherada, no bastaba para mantener en orden a los habitantes y apartarlos del acostumbrado ejercicio de la guerra de partidas, para las que su variado país se ofrecía favorablemente en todas partes" . Y el general inglés Sir William Napier, "crítico mordaz de todas las cosas de España" (Charles Omán" A history of the Peninsular War, I,p.302), 'escribía: " ...su ánimo era superior, su patriotismo más puro y sus esfuerzos más sostenidos que los de los demás: los somatenes eran bravos y activos en el combate, firme la población de las villas, y las Juntas evidentemente desinteresadas" .
En oposición a esa guerra de guerrillas, hubo la guerra de sitios. Ya hemos hablado de los dos sitios de Zaragoza (1808-1809) y de los dos primeros de Gerona. Es notable el hecho de que casi todos los sitio de esta guerra, y los más famosos, tuvieron lugar en Cataluña y Aragón. Y aun en Aragón puede decirse que no hubo más que los de Zaragoza. En el resto de la Península, Madrid, que se había alzado con el heroísmo del Dos de Mayo...

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

...Su voluntad de resistir a la invasión se materializó en acciones militares, emprendidas con las fuerzas de que, en cada lugar, se pudo disponer. Pero la dinamización de todo el movimiento tuvo siempre origen popular.
En el verano de 1808, la guerra fue afortunada para los patriotas. En muchos puntos se libraron combates y escaramuzas, pero fueron significativos el triunfo de los somatenes en el paso  de Els Brucs y la capitulación de una columna francesa (general Dupont) tras ser derrotada, en batalla formal, por tropas de las Juntas de Granada y Sevilla (general Castaños), el 19 de agosto. Este desastre en campo abierto obligó a José I a abandonar Madrid y a levantar los sitios de Zaragoza y Gerona.

Pero cuando Napoleón cruzó la frontera con 250 000 hombres, no existía en España ejército eficaz que oponerle.  La Junta Central, que debió retirarse a Sevilla, pretendió llevar a cabo una guerra tradicional sin cosechar más que derrotas, retiradas y motines de sus propios soldados. El 29 de noviembre, Napoleón estaba en Somosierra, cuyas defensas arrolló. El 3 de diciembre atacó Madrid, que tuvo que capitular. La resistencia española había servido, sin embargo, de estímulo a los austriacos, que se sublevaron contra Napoleón. El emperador replegó sus ejércitos al otro lado del Ebro, y con buen  número de tropas marchó a Centroeuropa en enero de 1809.

1809
El encuentro de Ocaña (19 de noviembre) supuso la práctica anulación del Ejército Español, muchas de cuyas unidades se desbandaron, y el desprestigio de la Junta, que se retiró a Cádiz, donde dimitió. Una Regencia de  cinco miembros se hizo cargo del gobierno del reino, cada vez más teórico (enero de 18l0).

En 1808, aunque su plantilla teórica fuera el doble, el ejército español contaba en la península con unos 50.000 hombres útiles (8.000 mercenarios extranjeros), En Dinamarca estaba destacada una división (15.000 hombres) como tropas aliadas de Napoleón. Contrariamente, Napoleón contaba con una organización militar distinta y moderna. Nutrida con el servicio obligatorio de los ciudadanos, era de base nacional con la adición de algunos cuerpos profesionales o de países sometidos. Sus enormes efectivos estaban encuadrados por un cuerpo de oficiales muy joven, pero de gran experiencia. Sin embargo, su volumen, descomunal para la época, impedía la instrucción, la disciplina y, sobre todo, el abastecimiento, que debió dejarse a la iniciativa de los jefes. Es decir, al saqueo, que tan impopulares hizo a los franceses.

1810
En diciembre de 1809, el general Álvarez de Castro, defensor de Gerona, tuvo que capitular. Tres ejércitos franceses descendieron hacia Andalucía por Villanueva de la Jara, Despeñaperros y Villamanrique. Por el valle del Guadalquivir llegaron a Sevilla, que tomaron el 31 de enero, al carecer de posibilidades de defensa. Ya sin problemas tácticos, siguieron el río, hasta llegar frente a Cádiz en febrero de 1810. Tras las murallas de la ciudad estaban refugiados los órganos políticos del estado y los restos del ejército. Surtas en la bahía, las flotas española y británica apoyaban la defensa, Sin capacidad tampoco para atacar, el ejército de Wellington se retiró a la línea fortificada de  Torres Vedras, que protegía Lisboa.
Para culminar las operaciones militares en España y Portugal, el ejército francés sólo necesitaba conquistar las dos ciudades. Pero ambas contaban con fortificaciones importantes, una guarnición nutrida, y estaban situadas a mucha distancia de la frontera francesa, junto al mar, que era dominio exclusivo de la marina inglesa. Las líneas francesas de suministro atravesaban, en cambio, 1500 Km. de territorio sometido. Las deficiencias del sistema francés de abastecimientos y el volumen de sus ejércitos, hacían de la seguridad de las rutas a Cádiz y Lisboa una cuestión estratégica de primer orden. Ésta fue la gran ocasión de los guerrilleros.

LA GUERRA DE GUERRILLAS

Desde mediados de 1809, a medida que los fracasos militares dejaban al país en manos francesas, se extendió la guerra popular, motivada por estímulos que iban desde los sentimientos patrióticos, religiosos, hasta la necesidad de oponerse al pillaje enemigo. Las guerrillas eran incapaces de acciones  masivas, aptas para batir al ejército invasor. Sólo atacaban cuando eran superiores y, ante fuerzas mayores, huían sin comprometerse. Sin enfrentamientos directos con el enemigo, sus acciones más frecuentes eran las emboscadas a destacamentos,el asalto a convoyes y la intercepción de correos. Sus jefes fueron casi siempre hombres salidos del pueblo (Espoz y Mina, El Empecinado, el cura Merino),aunque no faltaban algunos oficiales jóvenes (Porlier, Miláns del Bosch, Manso). Su sostenimiento era sencillo, pues buena parte del armamento y vestuario se lograba con las presas tomadas al enemigo y, al combatir en terreno propio, contaban con el apoyo masivo de la población, a la que mantenían en su actitud de resistencia. Por otra parte, perseguían y castigaban a los colaboradores del enemigo y desorganizaban los servicios franceses de retaguardia. Prestaron inapreciables servicios de información y cobertura a los ejércitos regulares, cuando éstos pudieron salir  nuevamente a campaña. Su actuación masiva entretuvo gran cantidad de tropas enemigas que, de otro modo, se habrían empleado contra Cádiz o Torres Vedras.
LOS GUERRILLEROS practicaban un tipo de lucha distinto al que conocía el ejército napoleónico. Era una actuación campesina y primitiva: cruel, barata y eficaz. Cuando los franceses se extendían en una región para perseguirles, los destacamentos franceses perdían fuerza y estaban expuestos a las emboscadas. Cuando se concentraban, el territorio volvía a manos de los guerrilleros. Las partidas, de organización sencilla, se diseminaban fácilmente cuando aumentaba la presión enemiga. Y volvían a reunirse si disminuía.  El poder central comprendió la importancia de este tipo de guerra, que llegó a contar con más de 30 000 combatientes organizados en partidas diversas y con jefes locales; d más importante de los cuales, Espoz y Mina, logró  encuadrar 8000 hombres y controlar  Navarra y parte de Aragón y la Rioja.  Así, se publicó un Reglamento de Partidas y un decreto regulador del Corso Terrestre, en 1809. Pero las disposiciones oficiales no incidieron en la institución guerrillera, verdaderamente autónoma de los poderes públicos-ineficaces frente a los invasores-, mientras la guerrilla popular era la única fuerza que se les oponía.
EL GUERRILLERISMO ESPAÑOL fue uno de  los primeros ejemplos de la participación generalizada en la guerra. Fenómeno desconocido en el absolutismo  típico de la historia contemporánea. La guerra permitió la extensión de las ideas patrióticas y de la soberanía nacional.
Desde el punto de vista militar guerra irregular no era un hecho independiente. Había sido practicada por cuantas poblaciones, desde la antigüedad, se oponían a un ejército invasor. Lo realmente nuevo consistió en animar a los jóvenes guerrilleros y a la población a que colaborara con  ideales que mantuvieran viva la rebelión.

INICIO de PÁGINA